Vivir en contradicción constante

A veces siento ser el gato de Schrödinger. Sí, aquel gato teórico que está muerto y vivo a la vez, hasta que alguien mira dentro de la caja donde está metido y de repente una de las dos posibilidades se materializa.

O vivo o muerto. Las dos opciones a la vez.

La física cuántica estudia ese fenómeno. A nivel computacional, un ordenador está programado mediante unos y ceros, lo cual significa abierto (1) o cerrado (0) para que la corriente pase por el circuito. Si está cerrado la coriente no pasa y si está abierto si, es sencillo.

Los ordenadores cuánticos aún no existen como tal, pero varias empresas enormes como Google o IBM están desarrollándolos. Esto significa que en vez de estar programados con unos y ceros podrían “estar” en los dos estados a la vez, en el uno y el cero juntos, lo cual permitiría realizar en unos segundos cálculos que a los ordenadores “normales” de hoy en día llevaría unos 10.000 años.

Yo no tengo ni idea de todo ésto. Acabo de regurgitar cosas que he leído por ahí y que he tomado como ciertas en el momento presente o altamente probables.

Pero me hace gracia porque a veces siento mi mente como si fuera una mente cuántica. Sé que debo tomar decisiones en la vida y, normalmente, las sencillas no me suelen costar demasiada energía mental. Pero ¡ay! otra cosa ocurre con las más gordas, con aquellas que creo que son más importantes o las que me remueven más emocionalmente hablando. Léase amoríos, pareja, trabajo… lo que algunas personas llaman “proyecto de vida”.

A veces siento que simplemente no puedo escoger, mi mente superpone las dos (o más) opciones que tengo delante y se quiere mantener en ese estado de forma perpetua, sin definirlas, sin elegir. Ahí empieza el cortocircuito: un día tiende hacia una, al día siguiente hacia la otra… hasta que algo ocurre y a fuerza de vivir debo escoger una, con horrror, finalmente.

Entonces es aún peor, ya que empieza el duelo por la no escogida. Una sensación de error por haber elegido finalmente y haber dejado morir la otra de las opciones. Un verdadero asesinato de esa vida y ese universo paralelo. ¿Qué hubiera pasado si la hubiera elegido? Lo quiero todo, no quiero verme forzado a escoger.

Es posible que entonces deshaga esa decisión, con la inestabilidad mental que eso conlleva y me vaya a por la otra. ¡Uf! ¿La he salvado a tiempo? Y en el acto mismo de salvar a la decisión inicialmente descartada, estoy dejando morir a la decisión inicialmente tomada.

Por supuesto, volvemos a estar en las mismas. Pero con un grado más de locura y de confusión.

Quiero tener una pareja estable y formar una familia y quiero estar soltero disfrutando. Quiero vivir tranquilo en mi ciudad y quiero viajar por el mundo a la vez sin rumbo. Quiero tener una casa con un huerto y un jardín enorme y vivir en el campo rodeado de naturaleza, pero rodeado de mi familia y amigos. Sí, todos los que viven en la ciudad. Quiero ser un hippy y un millonario. Quiero meditar todo el día y quiero estar ocupado constantemente haciendo cosas divertidas. Quiero vivir una vida sencilla y quiero que se me reconozca al mismo tiempo. Quiero dedicarme solo a mí y quiero dedicarme completamente a los demás. Quiero la estabilidad y quiero la locura.

Increíble como funciona la mente. Es digna de estudio.

4 Comments

  1. Me identifico con lo que escribes. Querer ser/tener/hacer todo dificulta mucho tomar decisiones, ¿Cuál es mejor opción? ¿Cuál es la correcta? Encontrarás argumentos que respalden todas las opciones.
    El tema da para mucho.
    Feliz año y a ver si nos vemos pronto Pablo.
    Un abrazo.

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  2. Ya lo pregonaba Buda hace 2500 años. La infelicidad es directamente proporcional a la cantidad de opciones a elegir.

    Es por eso que decimos que la gente de países en desarrollo parece ser más feliz. Cuando te has criado en un entorno de opciones limitadas, en el cual poco puedes elegir, uno acepta su condición y se acepta así mismo.

    Pensando que puedes ser tan rico, exitoso y tener tantas mujeres como todos esos influencers que sigues, nunca serás feliz.

    La comparación con los demás. En esta nuestra sociedad de hoy en día, si no eres emprendedor de éxito con 3 millones en el banco, influencer de viajes, o deportista de éxito eres un fracaso. Si trabajas más de 20 horas a la semana, también eres un fracaso. El marketing agresivo capitalista nos ha convertido a todos en títeres de unos pocos, anhelando sus vidas como objetivo final en la vida.

    Mi consejo para la felicidad es ser fuerte, tomar las decisiones que creamos correctas, aceptar nuestra vida como tal y valorar las pequeñas cosas que nos aporta el día a día.

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    • Me ha encantado tu reflexión Alex y la comparto plenamente. Me gusta tener aquí escrita esta visión tuya sobre las opciones (y también la del marketing), que no he desarrollado en el post.
      ¡Mil gracias!

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