¡Quédate en casa!

Tengo miedo al ver cómo se han limitado mis libertades de movimiento de una manera tan rápida y efectiva.

Tengo miedo al ver como ha sido tan sencillo implementar tantísimo miedo en la sociedad, ahora que he visto hasta qué punto la mayoría de personas hacen caso a una “autoridad” de forma ciega.

Tengo miedo de llevar mascarilla, porque sé que las veces que me he visto obligado a llevarla, he sentido como no estoy oxigenando bien mi cuerpo.

Tengo miedo al ver cómo rápidamente se han aprobado leyes que sientan una base para el control de la población mediante la tecnología.

Tengo miedo a que el estado, de alguna manera, me pueda llegar a obligar un día a ponerme una vacuna que yo no he pedido.

Tengo miedo a que, al haberlo normalizado, el gobierno pueda volver a confinar a las personas en cualquier momento y con cualquier nueva excusa.

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Tu perrito Ambar

Seguramente a lo largo de tu vida habrás tenido alguna mascota. Quizá un hámster, un conejo o un periquito, aunque lo más normal es que haya sido un perro o un gato.

Imagínate ahora que una tarde viene una amiga a tu casa y te regala un perrito de pocos meses de edad, un bonito Golden Retriever con el nombre de Ambar, por el color dorado de su pelaje.

Te presento a Ambar:

Es mono, ¿eh? 🙂

Al día siguiente, a eso de las 12 de la mañana, sin tiempo aún para encariñarte con él, coges a Ambar y te lo llevas al patio de tu casa. Atas su correa a la pata de una mesa y vas un momento a la cocina.

El cuchillo de tamaño mediano que está bien afilado servirá. Y el cubo de color verde también.

Vuelves al patio. Ambar te está mirando divertido, con esos ojitos verdes y moviendo la colita de un lado a otro, juguetón.

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Vivir en contradicción constante

A veces siento ser el gato de Schrödinger. Sí, aquel gato teórico que está muerto y vivo a la vez, hasta que alguien mira dentro de la caja donde está metido y de repente una de las dos posibilidades se materializa.

O vivo o muerto. Las dos opciones a la vez.

La física cuántica estudia ese fenómeno. A nivel computacional, un ordenador está programado mediante unos y ceros, lo cual significa abierto (1) o cerrado (0) para que la corriente pase por el circuito. Si está cerrado la coriente no pasa y si está abierto si, es sencillo.

Los ordenadores cuánticos aún no existen como tal, pero varias empresas enormes como Google o IBM están desarrollándolos. Esto significa que en vez de estar programados con unos y ceros podrían “estar” en los dos estados a la vez, en el uno y el cero juntos, lo cual permitiría realizar en unos segundos cálculos que a los ordenadores “normales” de hoy en día llevaría unos 10.000 años.

Yo no tengo ni idea de todo ésto. Acabo de regurgitar cosas que he leído por ahí y que he tomado como ciertas en el momento presente o altamente probables.

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Practicar Yoga

Hará unos 4 o 5 años que regularmente practico algún tipo de Yoga.

Desde que fui a la primera clase creo que no he abandonado la práctica por más de un mes seguido. Esto no es para ponerme por encima de nadie, sino simplemente para indicarte que me va bien y por eso no lo dejo.

Si tengo que explicar por qué lo hago, te diría que es por un tema de salud.

Salud física, salud mental y salud espiritual, o como quieras llamarle a esta última. El caso es que me parece que no es una práctica específica y compartimentalizada, para ciertos aspectos concretos, sino me va bien para todo el rango de niveles en los que experimento la vida hoy en día:

  • A nivel físico, por una parte provoca que disminuyan las tensiones que voy acumulando en mi cuerpo. Cuando acabo una práctica me siento más ligero, por decirlo de alguna manera. Por otra, me siento “mejor” en general. Es decir, si ese día estaba resfriado o me dolía la barriga, por ejemplo, luego me suelo encontrar ligeramente mejor.
  • A nivel mental, hace que simplemente disminuyan la velocidad, número e intensidad de los pensamientos que pasan por mi cabeza. Es como bajar una o varias marchas. Me proporciona paz y claridad.
  • A nivel espiritual, consigo sentir una mayor empatía por las demás personas, un menor apego por lo que pienso que soy “yo”, mi vida o lo que me ocurre y una mayor confianza en la vida en general.

La verdad es que vivir no es fácil y, vete tu a saber por qué, no tenemos un manual de instrucciones. Hay veces en las que parece que va todo mal y lo pasamos mal, veces que parece que todo va bien y estamos genial (o no sufrimos, que ya es mucho) y veces que parece que todo va bien e igualmente estamos sufriendo y no sabemos ni el por qué.

El yoga me ayuda a que todo ésto sea un pelín más sencillo.

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¿Por qué estudio Desarrollo Web?

[You can read this same article in English here]

En general siempre fui un estudiante bastante malo. Las clases en el colegio me aburrían de tal manera que simplemente no podía atender, ni mucho menos ponerme luego a memorizar cosas que no me importaban. Era algo muy superior a mi fuerza de concentración.

La única clase que realmente me apasionaba era informática, y eso que por aquel entonces no hacíamos nada interesante y todo el mundo se la tomaba a cachondeo, como las de música o arte. Pero a mí el simple hecho de poder estar allí tocando una máquina tan fascinante me alegraba el día.

En casa teníamos un ordenador con Windows 3.1 y el único lenguaje de programación que admitía se llamaba BASIC. Intenté estudiarlo alguna vez, pero Google aún no se había creado, por lo que no pasó mucho tiempo hasta que lo di por imposible. No podía entender cómo era posible crear programas solo escribiendo frases en la pantalla y tampoco nadie de mi entorno me lo sabía explicar.

También estudié un poco por mi cuenta en que consistía Linux y qué era el terminal de Windows. Pero oye, seguía sin entender realmente para qué me servirían. Después me interesé durante una temporada por el hacking, aunque nunca llegué a hacer nada especial con ese conocimiento. Era solo interés y nada más.

Y llegó la adolescencia. En un principio tenía clarísimo que en la universidad -si es que llegaba allí algún día- iba a estudiar Ingeniería Informática, pero el Bachillerato tiró por tierra todas mis expectativas: yo era un auténtico desastre en cualquier asignatura con números. En matemáticas especialmente y esa, en teoría, era la asignatura esencial de la carrera.

Entre eso y el hecho -no menos importante para mí en aquel entonces- de que estudiar informática te convertía automáticamente en un friki y de que te condenaba a estar 5 años sin ver a una sola chica en clase, no me lo pensé dos veces. Yo no tenía ningunas ganas de ser un friki y tenía ganas de conocer a muchas chicas.

Así que me olvidé de todo aquello, cambié la concepción que tenía de mí mismo, dejé de interesarme tanto por los ordenadores y también cambié de Barchillerato, a la rama social.

Al haber dejado de lado mi ‘pasión profesional’ por decirlo de alguna manera, no tenía ni idea de lo que hacer. Entonces mi mente racional siguió esta lógica:

El colegio sirve para entrar en -> bachillerato, que sirve a su vez para entrar en la -> universidad, que sirve a su vez para conseguir un -> trabajo, que sirve a su vez para conseguir -> dinero

Dinero. Allí acababa la frase. No veía un trabajo entonces como algo que me llenase, puesto que no sabía que podía ser eso, sino como un medio para conseguir dinero.

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