Bueno, sí…

Una ligera sensación de satisfacción y de calor en el corazón.

No escribo mucho últimamente porque no tengo nada que decir, porque todo ya ha pasado. Parece que viva en un lugar sin tiempo, emocionalmente hablando.

Mi mente está aquí, enloqueciendo cada día con millones de pensamientos -la mayoría repeticiones, distracciones y temores- pero puedo sentir en el fondo que no soy ella. Soy algo que se esconde detrás de eso. Soy la vaga sensación de satisfacción, el pequeño sentimiento de calidez. Lo que siento un domingo por la tarde cuando estoy tranquilo porque no hay mucho que hacer.

Este ‘yo’ escondido detrás sabe que ahora no necesito transmitir como si supiera lo que estoy haciendo, no necesito ponerme por encima, no necesito hablar fuerte y claro o expresar mucho a través de mis palabras. Eso serían sólo distracciones en este período.

Sólo tengo que estar aquí y seguir adelante, sólo ser, hacer y transmitir a través de mi presencia y mis acciones.

Escribo aquí porque alguien que quiero me lo pidió, pero no lo necesito.

Estoy aquí ahora y en un segundo no lo estaré. Entre estos dos instantes habrá memorias, que luego serán borradas. Ya no siento la necesidad de escribirlas, de intentar diseccionarlas o de intentar comprenderlas, sólo siento un anhelo incesante e incansable de libertad mental. Y para eso a veces tengo que vaciar el container de las palabras.

Siento que estoy hibernando.

Tal vez podría intentar escribir cosas que tengan sentido, inventar una historia, creer una creencia para que yo sienta la necesidad de expresarla y para que otros también puedan creerla. ¿Eso me ayudará o me hará sentir mejor? ¿Hay un profundo sentido de progreso o propósito en eso?

No….

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Al rey no le apetece que le graben

Un jueves cualquiera en Marrakesh.

Hacía un par de días que había vuelto de la ciudad costera de Essaouira, donde quedé fascinado por la actividad que tienen en el puerto, los rincones escondidos de la medina donde podías encontrarte tanto panoramas bellos como desoladores, la cantidad increíble de artistas que hay en sus calles o su viento permanente y sus puestas de sol:

Como prefería no tener que buscarme otra vez la vida en la capital, volví a contactar con Patricia, la mujer del Airbnb que me había alquilado la habitación las primeras semanas. Estaba disponible, así que sin dudarlo volví allí.

Es una casa especial, porque a pesar de que está en medio de la medina -así llaman a la parte antigua de las ciudades árabes- y toda medina es una locura, está metida entre varios callejones y resulta ser un remanso de paz, a lo que ayuda que haya unos jardines enormes justo al lado.

En vez de oírse coches y personas se oyen pájaros.

Y resulta que, después de 20 días, Ou seguía alojándose allí.

‘Ou’ -se prouncia como la letra O en inglés- es el nombre de una chica de 21 años proveniente de China que está bastante loca en el buen término de la palabra. Con esa edad ya ha vivido más aventuras que la mayoría de personas en toda una vida, lo cual según sus historias ha estado varias veces a punto de costarle la vida.

Trabaja por Internet, dando clases de Ingés a estudiantes Chinos y viaja por todo el mundo mientras tanto. Le gusta estarse varios meses en un mismo lugar, viviendo como los locales. Antes de venir a Marruecos por ejemplo estuvo 2 meses en una pequeña ciudad de India.

Ese jueves, mientras yo estaba merendando una combinación de frutas, apareció por la puerta.

Llevaba una bandolera consigo y me comentó que había ido a Correos para enviar de vuelta a su país un dron con el que hace vídeos en sus viajes, pero que no le habían dejado.

Estuvimos hablando un rato sobre el aparato y de pronto me comentó:

-“¿Quieres ir a hacerlo volar?” Continuar leyendo

Viajar no era la respuesta

Llevo soñando con ésto desde que tenía 25 años.

Todo empezó cuando volví de Omán. Ese viaje por el sudeste asiático durante 8 meses con una mochila me abrió la mente a un mundo nuevo de posibilidades inimaginables y, una vez abierta la caja de Pandora, no había vuelta atrás.

A pesar de -o gracias a- que había vuelto porque no me quedaba ni un euro en la cuenta del banco, decidí que lo que haría entonces con mi vida sería montar un pequeño negocio por Internet que me diese cada mes los 400-500€ que necesitaba para poder sobrevivir en otros países menos desarrollados económicamente como Malasia o Tailandia.

El objetivo era poder viajar y visitar todo el mundo sin ataduras físicas de ningún tipo, ser libre tanto financieramente como mentalmente para poder hacer lo que me diese la gana en cualquier momento.

Pero el juego de emprender me enganchó totalmente, hasta olvidar durante gran parte del mismo que en realidad perseguía otro objetivo. Me desvié del camino inicial, fundando muchos pequeños negocios online, teniendo fracasos sonados, arruinandome varias veces e incluso llegando a ser gerente de una empresa que no era la mía para luego volver a arriesgarlo todo e irme a la isla de Menorca a vivir y volver al cabo de un año otra vez sin dinero a casa.

Han sido 5 años intensos. Tanto en lo bueno como en lo malo.

Y al final lo conseguí. Continuar leyendo

Cómo (y por qué) invertir en criptomonedas

ÍNDICE


Sí, yo también he invertido en Bitcoins.

Los descubrí en 2013, puse algo de pasta y gracias a eso me he comprado un piso, un coche y puedo viajar por el mundo sin preocupaciones.

Y en este artículo te enseñaré a hacer lo mismo.

Nah, ya me gustaría. La mitad de lo que he escrito es broma.

La otra mitad no.

Es cierto que descubrí el Bitcoin cuando me fui a viajar por Asia, por ahí en el 2013, pero entonces, a pesar de que me interesó muchísimo el concepto y el espíritu que había detrás de la idea, no invertí nada porque no tenía casi ni para pagar el alquiler. Volví a casa con prácticamente cero euros.

comprar bitcoin meme

A pesar de que alguna vez aparecía en alguna conversación, luego empecé a montar negocios online y me olvidé de la moneda durante unos años.

No recuerdo cuál fue el detonante, quizá algún artículo en Internet, pero volví a abrir mi cuenta en Coinbase (la web de moda para comprar criptomonedas) y acabé ese registro que había dejado a medias.

Transferí 15€ para probar y los invertí en Bitcoin.

En ese instante no me di cuenta, pero algo dentro de mi cabeza cambió para siempre.

A pesar de que el tema de las inversiones siempre me ha interesado, siempre pensé que esto de invertir era exclusivo de las personas a las que les sobraba el dinero. Continuar leyendo

Un bonito y repugnante sábado de Octubre

“No sé porque vuelvo aquí. Estoy frustrado, muy frustrado.

Me encantaría escribir lo que siento en el fondo de mi ser, para así poder curarlo, quizá. Para no sentirlo más. Para que las cosas cambien de una vez. Todo sigue igual, todo. Todo, todo, todo.

Nada ha cambiado, he intentado conseguir cosas, tener objetivos, irme a otra ciudad a vivir. Pero sigo estando conmigo mismo, con este cuerpo, con esta mente, con este alma o lo que sea que es, conmigo mismo, evolucionando, sin evolucionar. Roto, destrozado, renacido, muerto, en el no tiempo, con tiempo.

No sé que es, estoy sintiendo. Estoy vivo, o no. No lo sé ni quiero saber ya. Me gustaría morir y que toda esta función acabase. Fundirme con el cosmos, el universo, la paz. ¿Por qué he venido a vivir como ser humano? ¿Qué jodida broma es ésta?

Estoy harto de cuidarme, de evolucionar, de estar pendiente de todo, de tener que comer y dormir y amar y trabajar. En realidad es todo miedo, está todo podrido, somos todos zombis dándose importancia. En realidad no hay nada de eso, no pasa nada, no somos nada.

Quiero y no quiero hacer cosas, estoy lleno de contradicciones y me cansan estas contradicciones. Estoy harto del futuro, de buscar cosas en el más allá, quiero vivir en el presente y sin pensar en nada, como una planta. Quiero ser un cactus en un desierto, calentito, silencioso y abandonado, sin nada más que el sol y la noche, un día tras otro y nada más.

Luego morir en paz y dar mi ser al resto de la creación, a los que vienen detrás mío, formar parte de ellos sin tener esta conciencia individual que me mata de sufrimiento. Estoy cansando de competir, cansado de luchar, cansado de conseguir y de tratar de conseguir, cansado de buscar, cansado de querer cosas, cansado de moverme y cansado de vivir. Cansado de pensar. Y aún así doy gracias por esta vida y por estar vivo. Y no quiero morir.

Como siempre… lleno de contradicciones.”

Espérate…

Acabo de escribir estos párrafos como parte de mi terapia personal, de dejar fluir mis dedos sobre el teclado. No pensaba publicarlo, sino dejarlo en el apartado de borradores del blog eternamente, como tantos otros.

Desde que han acabado las comillas (“) he empezado a volver a escribir racionalmente, con cuidado, como dictan los cánones.

Quizá tu hayas empezado a leer y hayas pensado: ‘Éste ya se ha vuelto loco. Lo que nos faltaba. Otro más…

Y tengo que reconocer que lo parece, así visto desde fuera. Continuar leyendo