Año 2027

Buff, no sé ni por dónde empezar.

Es la tercera vez y ésta vez si que empiezo a tener verdadero miedo. ¿Cómo puede ser? Hace dos años, cuando se implementó la PVS (la Permanent Vaccine Subscription), nos aseguraron por activa y por pasiva que ya ningún otro “nuevo virus” podría declararse como pandemia mundial nunca más en el futuro.

Joder, yo pago mi suscripción religiosamente y me vacuno cada 3 meses, ¡como todo el mundo! esto es una mierda. Ahora otra vez encerrados en casa, ¿hasta cuándo? El presidente del gobierno ya ni siquera oculta que puede ser algo semi-permanente, es increíble.

Que tenemos que protegernos y es por nuestro bien, que es hora de volver a hacer sacrificios por nuestra comunidad, blablabla, el cuento de siempre.

Cuando empezó todo con el Covid allá en 2020 parecía que andaban todos los dirigentes perdidísimos, cambiando las reglas cada dos por tres. Aquello fue todo un cacao, no había nadie preparado. Pero no me jodas, cuando apareció el Seipm en 2024 ya no pilló a nadie por sorpresa.

Todo el mundo supo lo que tocaba, enseguida.

Estuvimos en casa 8 meses seguidos encerrados hasta que desarrollaron la nueva vacuna. Luego no dejaron salir a ninguna persona que no se hubiese vacunado previamente y si te pillaban en la calle sin tu carnet digital de vacunación en regla (el CDV) la multa era de entre 3.000 y 60.000 euros, dependiendo de las vacunas que te faltasen por poner. Incluso te arriesgabas a que te cayeran 6 meses de prisión. Así de duro.

Las mascarillas permanentes y en todo momento, por supuesto. No podías bajártela ni para comer, ni beber ni fumar. Esas cosas se hacen en casita, decían, a ver si por no cumplir esta simple recomendación puedes matar a alguien, insensato.

Pero bueno, eso fue ya más tarde…

Al principio, cuando llevábamos menos de dos semanas con ese segundo “gran confinamiento”, como le llamaban en los medios de comunicación, Google y Apple forzaron actualizaciones en el software de mi móvil, mi iWatch, mi pulsera digital y todos los dispositivos que tenía conectados a internet para descargar su nueva app de seguimiento GPS y aviso continuo (la Savelife), creada conjuntamente con el gobierno. No se podía desactivar ni nada.

Tenía 25 minutos al día para hacer la compra y tirar la basura. Desde el momento que salía de casa el contador se activaba automáticamente, sin hacer nada por mi parte. Durante los últimos 5 minutos, todo empezaba a vibrar y no paraba y los últimos 2 el móvil empezaba a pitar como un condenado. Lo peor es que no se podía silenciar ni apagar. Claro, si estabas en la calle o el súper la gente te miraba mal, como diciendo “tira para casa, que nos estás poniendo a todos en peligro, ¡un poco de solidaridad!”.

Se ve que si dejabas que el contador llegase a cero y aún no habías llegado a casa la policía se presentaba inmediatamente en la puerta de tu residencia pidiéndote explicaciones. La verdad es que nunca quise probarlo, solo faltaría. Yo me daba prisa. Pero es que claro, ¿Cómo íbamos a pagar la compra sin ninguno de estos dispositivos? Era imposible salir de casa sin ellos.

El problema es que nada más aparecer el Seipm, hace 3 años, el dinero en efectivo fue prohibido y retirado de la circulación -como medida de seguridad-, al igual que las tarjetas de crédito y débito, y solo se podían pagar las cosas así, con el maldito móvil o el reloj, la pulsera o las gafas VR.

Pero bueno, es que da igual, si salías a la calle sin ningún aparato electrónico en seguida eras detectado por los mini-drones de seguridad o las cámaras que hay en cada portal de todos los edificios. Y entonces lo mismo, no sabías ni cómo pero en menos de 5 minutos una patrulla de policía aparecía por la esquina con sus luces encendidas, te preguntaba que por qué habías salido sin ellos y te escoltaban para casa con un aviso. Lo sé porque mi amigo Jose lo hizo. Y jamás se atrevió a hacerlo por segunda vez, porque la multa era por lo menos de 3.500 euros por reincidencia.

Desaparecieron todas las tiendas de barrio, absolutamente todas, igual que los restaurantes, cines y teatros. El gobierno les obligó a cerrar y ninguno pudo aguantar tal crisis. Solo quedaron los supermercados. Todo lo demás se pedía, se hacía o se veía online.

En la calle solo se veían furgonetas de Amazon o coches de policía, no había más.

A ver, a todo esto hay que decir que las gafas de realidad virtual ayudaron a sobrellevarlo. Era guay poder tener el cine o el concierto en casa y poder reunirte allí virtualmente con los colegas. O al menos lo fue durante un tiempo.

Y nada, la verdad es que jamás llegué a imaginarme que un día podría incluso echar en falta esos 25 minutos para salir a comprar. Ahora en este tercer gran confinamiento ya directamente no se puede salir a la calle. Pedir la compra online es obligatorio por decreto ley. Te la dejan en la puerta de casa al cabo de una o dos horas y solo puedes salir a cogerla cuando el repartidor se ha ido.

La basura lo mismo, el gobierno nos dio las nuevas pautas incluso para eso. La dejas en el rellano y unos hombres vestidos con ese típico traje espacial anti-virus la pasan a buscar cada dos días en plena noche, por ahí a las 3 o a las 4. Que los vi yo por la mirilla de la puerta, un día que me picó la curiosidad y me quedé despierto. No entiendo por qué tienen que pasar a esas horas, no me gusta que sea tan tarde.

Yo no tengo perro, pero todos mis amigos que sí tienen tampoco los pueden sacar a pasear. Tienen que atarlos en la puerta de casa a ciertas horas y dos veces al día pasan los hombres estos y los pasean durante 15 minutos. Normal, es por su seguridad y la de todos. Pero a mí no me haría gracia dejar a mi perro a un desconocido, la verdad.

No sé, me estoy volviendo loco, te lo juro. Hace dos meses que solo me toca el sol de pasada durante unos minutos al día, cuando entra por la ventana del comedor. Estoy muy harto de correr en la cinta (y aún suerte que después del Seipm me la compré) y de hacer videollamadas o videoreuniones virtuales con las Oculus cada dos por tres… la verdad es que últimamente no quiero hablar con nadie.

Supongo que tampoco quiero volver a escuchar el maldito mensaje. Tres veces al día, de forma aleatoria, se corta cualquier cosa que estés viendo en internet o en la tele de forma automática y aparece el presidente del gobierno o el ministro de sanidad en una grabación de un minuto recordándonos que todo es por nuestro bien, por el bien de todos.

Joder, es solo un minuto, pero no quiero volver a escucharlo nunca más. Lo peor de todo es que no sabes en qué momento va a aparecer. Me da ansiedad solo de recordarlo.

Tengo tentaciones de abrir la puerta, salir de casa y empezar a correr sin parar y sin rumbo. Pero si lo hago yo creo que no llego ni a dos calles, solo se oyen sirenas y en la tele se ven patrullas constantes de policía en la calle. Es que claro, no hay nadie más, todo el mundo está en casa, no te puedes ocultar, te ven y no tienes excusa alguna.

La sanción por pisar la calle ahora para mí es de un mes sin recibir la UBI. Y encima es acumulable. Es decir, si yo saliese por ejemplo tres veces a la calle hoy, me quedaría sin los próximos tres meses de ingresos. Jamás debí aceptar la UBI hace dos años, pero coño, como iba a saberlo. Me presentaron la opción de poder dejar mi trabajo y vivir con una renta básica universal de 1.600€ mensuales, ¡sin hacer nada! ¡Dinero gratis y sin trabajar! ¿Quién fue el tonto que no aceptó? No conozco a nadie que no lo hiciese.

Cuando el gobierno sacó la UBI de manera progresiva hace dos años, mi sector fue uno de los primeros en poder beneficiarse de ella. Siempre he pensado que fui un privilegiado, que el mundo estaba avanzando a pasos agigantados y que yo tenía la suerte de estar a la vanguardia.

Los últimos datos que escuché es que la implementación de la UBI en el país era ahora del 45%, es decir, el cuarenta y cinco por ciento de la población viviendo de vacaciones permanentes. Siempre pensé que el resto eran unos pobres desgraciados, ¡aún trabajando! Qué atrasados.

Para ellos, la gente que no tiene UBI, la sanción ahora es una multa automática de 5.000€, solo por pisar la calle, mas posible pena de prisión si no tienes suficiente para pagarla. Además supongo que ahora ya no hay manera de no pagar, con el nuevo “euro digital” que emitió el BCE, así que nada.

No entiendo como hemos llegado a este punto. Es como si acabara de despertar de un sueño. ¿Qué hago aquí?

Aún recuerdo a finales de 2021, cuando se llegó a la “inmunidad de rebaño” con el Covid y todos creímos que la pesadilla había acabado. ¿Es posible que estuviéramos tan aliviados que nos olvidáramos de todo el poder que había conseguido el gobierno sobre nuestras vidas? ¿Por qué nadie dijo nada?

No sé, he estado investigando un poco y me sorprende, porque en diversos foros en Internet de esos años he encontrado cosas que no cuadran, como las que se explican aquí.

Por ejemplo con las mascarillas, la OMS dijo al principio que solo se debía llevar si estabas cuidando a alguien supuestamente infectado con Covid o tu mismo lo estabas

Después adaptaron un poco la narrativa, diciendo que era bueno llevarla para todo el mundo en sitios públicos cerrados…

Sin embargo luego el gobierno dijo que lo mejor era llevarla en todo momento, siempre que uno estuviera en la calle, aunque estuviera solo y no hubiera nadie alrededor. Se podía obviar en casos como cuando uno iba a la montaña a hacer una excursión, a la playa o a hacer deporte, pero luego también cambiaron eso.

Era obligatoria en todas partes y en todas las circunstancias.

Te la podías bajar en caso extremo para sonarte, comer, beber o fumar, pero luego… ¡también! También se prohibieron esas acciones. A comer, fumar y beber a casita. En fin… yo siempre he sido muy fan de las mascarillas y aunque esto último me parecía un poco extremo, entendí que era por nuestro bien.

Y así con todo lo demás: datos de mortalidad y contagios, casos asintomáticos, vacunas… esto es solo un pequeño ejemplo.

El problema es que solo he podido encontrar estos datos en webs raras, a las que llaman “descentralizadas”. En Youtube no hay nada de esto y en Google o Twitter tampoco.

¿Por qué nadie se dio cuenta de todo esto en su día? Nadie me avisó joder.

¿Y cómo dejamos qué luego se volviese a repetir todo con el Seipm, igual pero a mayor escala?

No entiendo nada. ¡Yo siempre he seguido las recomendaciones del gobierno! ¿por qué tengo que estar encerrado otra vez? No es justo.

¿Y cuál es mi alternativa?, ¿Qué cojones hago? Si quiero seguir teniendo comida y techo y no contagiarme con este nuevo virus, lo mejor es hacer caso, ¿no?

4 Comments

  1. Whilst your article paints a bleak future, I needed to read it. Here’s to the ones who question. Thank you Pablo.

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  2. Genial artista! Las incoherencias son tremendas y da miedo que sea posible solo parte de tu historia. Igualmente puedes escribir un libro sobre este tema. Un abrazo.

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    • ¡Muchas gracias Soraya! Esperemos que este escenario nunca se haga realidad, por el bien de todos, jajaja. Un abrazo 🙂

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