Año 2027 (bis)

Esta mañana me he mirado el último vídeo del canal de Youtube del gobierno y comentaban que se había declarado la tercera pandemia de la década. El título era “La pandemia mas letal ha llegado. ¡PREPÁRATE!“.

Como siempre… intentando transmitir miedo y urgencia. No sé si se dan cuenta de que ya nadie se cree su discurso y que a nadie le interesa tampoco. Solo hay que ver el número de followers del canal: menos de 2 millones. ¡Cualquier Youtuber de barrio famosillo tiene más tirada que ellos!

La verdad es que ver estos últimos años como una institución tan grande se deshace a marchas forzadas y se convierte en una pantomima de sí misma me sigue alucinando.

Es increíble…

Las cosas se precipitaron con el Seipm -la evolución del Covid- allá en 2024. “El segundo gran confinamiento” le llamaban los medios de comunicación.

Un confinamiento que no duró ni tres semanas, lo que tardamos en darnos cuenta de que la reacción de los gobiernos a esa segunda pandemia mundial era, otra vez, completamente exagerada y que nos iba a llevar de nuevo al desastre económico.

Pretendían que todo el mundo utilizase Savelife, una app GPS que se descargó automáticamente en una actualización de software de todos los smartphones y que trataba de imponer un marco temporal de 25 minutos diarios para hacer la compra y tirar la basura. ¿Te lo puedes creer?

Yo creo que ese fue uno de los detonantes.

Era como intentar asestar el golpe de gracia al ciudadano moribundo, estrujando hasta la última gota de sus libertades. Ni de coña, ¡hasta aquí hemos llegado!

Todo el mundo era consciente de que durante el Covid los mandatarios de la gran mayoría de países y los organismos internacionales nos habían tomado el pelo, implementando medidas que iban no solo en contra de la economía y la dignidad de la población, sino en contra de la salud, aquella misma que clamaban estar preservando.

Se fue destapando todo el pastel poquito a poco.

Joder, ¡es que muchas personas y familias lo habían perdido todo! La crisis de 2023 fue muchísimo peor que la de 2008, solo había que pasearse por las calles de cualquier ciudad grande para darse cuenta: la mitad de comercios cerrados, servicios públicos que no funcionaban bien, muchos de mis conocidos en paro, pensiones y ayudas que no llegaban a las cuentas corrientes… suerte que podíamos ayudar económicamente a la abuela, porque en los centros de la seguridad social le iban dando largas continuamente.

Pero hubo muchas personas que no tuvieron tanta suerte.

Faltaba la chispa que detonara todo. No había miedo, solo rabia y resentimiento.

El día que se descargó la Savelife, muchísima gente salió a la calle y dejó que el pitido ensordecedor de sus móviles sonara y sonara, sin importarles las consecuencias. El pitido indicaba el final de los 25 minutos diarios reglamentarios para estar en la calle.

La policía empezó a detener a todo quisqui, pero pronto fueron tantos que no daban abasto. El pitido, aquel pitido especialmente diseñado para señalar a la persona que estaba cometiendo una infracción de sus reglas, pronto se convirtió en un pitido de protesta, tal y como lo habían sido las famosas “caceroladas” anteriormente. Solo que esta vez solo hacía falta estar más de 25 minutos en la calle para activarlo.

En mi barrio, y en todo el país, muchos salimos de casa. Los pitidos sonaron durante horas, al igual que las sirenas de policía. Pero éstos ya no sabían que hacer. Me comentaron que las comisarías estaban tan llenas que los detenidos se marchaban a pie tan tranquilos, el caos era enorme y no podían retener a tanta gente. Yo me paseé un buen rato, móvil en mano, dejando que mi pitido sonase bien fuerte.

Nadie durmió aquella noche. Hubo fuegos, disturbios y muchísimos heridos y varios muertos. Todo un país estaba en vela.

La mañana siguiente, en cambio, fue diferente. Parecía como si, colectivamente, hubiéramos pasado una gran resaca. La mayoría de personas dejaron su móvil en casa y salieron a la calle.

Los comercios abrieron, la gente se fue a pasear y arreglar los desperfectos de la noche anterior, prepararon recomendaciones y sugerencias aceptables respecto a cómo enfocar esa segunda pandemia y continuaron con sus vidas.

Durante el fin de semana, el gobierno no tuvo más remedio que declarar oficialmente el fin de ese segundo confinamiento, al que ya nadie hacía caso.

Unos días más tarde, trataron de prohibir y retirar el dinero en efectivo de la circulación. Supongo que fue un intento de mantener el estatus quo después de la primera ‘insurrección’ general y de tratar de mantener también el control sobre el mismo dinero, que llevaba tiempo ya escapándosele de las manos.

Querían forzar a todo el mundo a utilizar el nuevo ‘euro digital’ del Banco Central Europeo.

El problema es que Bitcoin estaba por entonces rozando el millón de euros al cambio y ya casi todo el mundo sabía que era una reserva de valor mucho más efectiva que cualquier moneda fiat. La mayoría de empresas y personas intentaban dentro de lo posible cobrar en bitcoin, escapando así de la inflación, el control y los impuestos draconianos.

Total, que al día siguiente se creó un movimiento de rebelión pacífica, parecido al de la semana anterior. No solo no se dejaron de utilizar billetes y monedas, sino que, aunque los bancos ya no permitían sacarlas de sus cajeros, la gente empezó a utilizar el dinero físico aún más que antes. Y en los casos en los que uno no tenía, de repente podías pagar con bitcoin en la mayoría de sitios. Recuerdo que esa fue la primera vez que vi un precio en satoshis en una tienda, cosa que ahora es lo más normal del mundo. Me parece que era la barra de pan que compré esa misma mañana, valorada en 260 sats, o lo que es lo mismo, 0.00000260 BTC.

A lo largo de los meses siguientes, vimos en Internet multitud de casos en los que el gobierno intentaba por todos los medios cerrar empresas que operasen en bitcoin e incluso poner penas de prisión a individuos que hacían lo propio, alegando evasiones fiscales. Lo único que consiguieron a medio plazo fue fortalecer ese mercado secundario.

Lo curioso es que, un año más tarde, estaban declarando bitcoin completamente legal de nuevo y tratando de cobrar la mayoría de impuestos en esa moneda, cosa que no coló. ¿Quién iba a querer pagar un impuesto en bitcoin, una moneda que se apreciaba, pudiendo pagar en euros, una moneda-basura que no valía nada?

Mejor pagar en euros y deshacerse de ellos.

Pero claro, el problema para ellos es que otros países habían empezado la carrera mucho antes. El Salvador, Paraguay, Brasil, Panamá, Nigeria, Estonia, Noruega, Andorra, Perú e Irán habían dado el pistoletazo de salida, abandonando sus respectivas monedas para pasar al patrón Bitcoin.

Y el resto de países del mundo había visto como éstos les pasaban por delante en términos económicos, a pesar de las sanciones al comercio que les pusieron en un principio.

Pronto se sumaron otros tantos países y estados, dejando a grandes potencias como Estados Unidos o la Unión Europea rotos y divididos. Una Europa moribunda, con la mitad de países saliéndose de su tratado y sus grandes instituciones colapsando. De China se sabía perfectamente que, aunque no fuera oficial, era uno de los países que minaba y adquiría más criptomoneda. Ya nadie quería quedarse atrás.

La segunda pandemia evolucionó como era de esperar en condiciones normales: se aislaron a los enfermos, ampliaron los hospitales y no hicieron falta confinamientos, mascarillas ni el cierre de ningún negocio. La curva de contagios fue alta, pero enseguida bajó y pasó poco a poco, como era de esperar. En menos de un año estaba todo controlado.

Y un poco más tarde llegó la hiperbitcoinización. El precio de bitcoin relativo al dólar subió en muy poco tiempo de un millón a cinco millones, para luego pasar a diez y después a cincuenta. Las personas que aún no tenían bitcoin vieron como los ahorros de toda una vida quedaban en nada, evaporados.

Ya nadie aceptaba euros y, aunque continuaba siendo la moneda oficial, de repente no podías pagar con ellos.

Las bolsas e indicadores económicos de todo el mundo cayeron en picado, así como los precios de las casas y oficinas. ¿Por qué iba alguien a invertir su dinero en bolsa o en inmuebles (arriesgándose a perderlo) si podía pasarlo a bitcoin y mantenerlo seguro, a salvo de confiscación y subiendo de valor constantemente?

Durante esos meses, el gobierno trató de implementar la UBI, una renta básica universal. Parecía dinero gratis para todo el que quisiera, pero les salió el tiro por la culata. Ya la mayoría de población era consciente de que ese dinero en realidad no era gratuito, sino que venía de la impresión de los bancos centrales, un auténtico robo por parte de los dirigentes al resto de ciudadanos mediante la inflación.

Total, que muy pocas personas aceptaron esa UBI, la gente prefirió seguir trabajando y cobrar en bitcoin, aunque fuera en negro, que tener euros gratis que no valían absolutamente nada en su día a día.

Hubo caos durante mucho tiempo. Los precios de todas las cosas cambiaban de una semana para otra, las instituciones y servicios que estaban controladas o reguladas por el gobierno empezaron a funcionar mal o directamente dejaron de hacerlo, hubo apagones en muchos lugares del país y de vez en cuando en las grandes ciudades había disturbios en los que la policía no aparecía…

Ahora sé que vivimos la fragmentación del gobierno en directo.

Policías y miembros del ejército dejaron sus trabajos en desbandada, al tener que recibir sus sueldos obligatoriamente en euros y ver cómo se empobrecían a marchas forzadas comparado con el resto de la población, que utilizaba bitcoin.

Sin esa parte fundamental de su modus operandi para controlar todo lo demás, los dirigentes no podían hacer cumplir ni respetar muchas de sus leyes.

Lo mismo ocurrió a su vez con políticos y funcionarios de todo tipo. Uno a uno salieron de allí para no volver.

Parecía que el país se había convertido en un estado completamente anárquico y muchos ya predecían el fin del mundo. Sin embargo empezamos a ver como pequeñas comunidades, generalmente constituidas por barrios, empezaban a autoregularse, siendo los propios ciudadanos los que tomaban la iniciativa de arreglar lo que no funcionaba y organizarse para que todos aquellos servicios que anteriormente eran proporcionados por el estado siguieran ofreciéndose, pero de manera mucho más eficiente.

Yo no entiendo mucho de economía o de política, solo sé que desde entonces todos los impuestos son voluntarios y distribuidos por empresas, algunas de ellas sin ánimo de lucro, organizados mediante tecnologías como la blockchain para hacer el dinero público totalmente auditable, sabiendo donde acaba cada satoshi. La gente está encantada de pagar según la situación de cada uno, por aquellos servicios que utiliza.

Entre que la moneda no se devalúa y que ya no te quitan el 50% de lo que ganas en impuestos, la mayoría de gente ha dejado de sobrevivir mes a mes para pasar a prosperar y a ahorrar.

Se ha notado un cambio enorme, muchas personas han emigrado de la ciudad al campo y las primeras ya no son como antes, se empieza a ver mucho más verde en todas las esquinas, optimismo, amabilidad y una especie de ‘caos controlado’. Y también más creatividad… cada día veo motos y coches rarísimos por la calle, de los que antes no se podían llevar. Ayer entré a una tienda en la que se hacían siestas, vi como en el parque de al lado de casa unos vecinos empezaban a montar un huerto y me enteré de que la semana que viene se monta una rave durante 3 días en lo que antes era el palacio de la delegación de Hacienda en mi ciudad.

Desde el año pasado, muchos países del mundo abrieron sus fronteras al 100%, aceptando a todo el que quisiera entrar y quedarse a vivir sin restricciones ni requisitos, creando una sana competencia entre ellos por ver qué país atrae a más emprendedores. Sudamérica lo está petando en ese aspecto.

Cada día es nuevo y vibrante, se siente como si estuviéramos saliendo de un estado de apatía gris que duraba décadas. Para algunos toda una vida.

Es un mundo un tanto extraño, diferente al que estaba acostumbrado… pero la verdad es que me gusta.

6 Comments

  1. Me encanta y puede que sea así porque ya coexisten estas dos realidades. Lo que creo que será ethereum, más que bitcoin 😉 Sigue escribiendo porfi!

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    • Gracias Saray!
      Yo estoy seguro de que Ethereum no será, jajaja. Es un proyecto que a diferencia de Bitcoin no está descentralizado (lo controlan sus developers), no tiene un tope de tokens (Bitcoin lo tiene en 21 millones), y en términos generales es un proyecto sin pies ni cabeza que va cambiando su propósito cada poco tiempo.
      Te recomiendo leer el libro “El patrón Bitcoin” si te interesa el tema 🙂
      Un abrazo!

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