¿Ser o no ser un enamoradizo?

Duele. Es un dolor constante.

Sientes como tu corazón está roto de repente. Lo han cogido, le han disparado cientos de veces seguidas y, por mucho que buscas en el suelo, no puedes encontrar -ni mucho menos recomponer- todos los trozos que lo formaban.

¡Joder! ¡Ahora me falta la parte que conecta con las arterias! ¿Dónde coño está?

El caso es que ya hace tiempo que perdiste la cuenta de los trozos que faltan.

Además, algunos son tan pequeños que se han ido por siempre jamás. Sabes que nunca los volverás a encontrar por mucho que los busques; se los quedaron otras personas y se los llevaron consigo.

O te los dejaste en lugares y momentos lejanos que ya no están a tu alcance.

-Esque eres un enamoradizo. -Te dicen, riendo por lo bajito, como si fuera un defecto tuyo de fábrica que tienes que arreglar algún día.

-Joder, ya lo sé, pero no puedo evitarlo.

Pero no es que simplemente no puedas evitarlo. Es que tampoco QUIERES evitarlo.

sigue siendo un enamoradizo

A pesar del dolor que has sentido y sigues sintiendo, no quieres dejar de vivir por miedo. Quieres experimentar todas las oportunidades y el potencial que llevas dentro, en la única vida que parece que tenemos. Tu corazón no es de aquellos que se protegen y se transforman en piedra cuando les hieren, sino de los que aprovecha esos huecos que le han dejado las heridas para dejar salir la luz y el fuego que contiene en su interior.

Tu no lo has elegido. Eres así desde pequeño.

Estás abierto a la vida, abierto a las emociones intensas. No te apetece ir “con cuidado” ni dejar que tu mente racional se interponga demasiado cuando vislumbras la oportunidad de vivir una aventura. Dejar tu trabajo en busca de algo mejor es una aventura. Irte a vivir a otro lugar es una aventura. Empezar tu propio proyecto es una aventura. Conocer a alguien es una aventura. Implicarse en una relación y enamorarse es una aventura.

Sabes perfectamente que al negarte a experimentar algo que se ha interpuesto en tu camino de vida, en realidad estás negando tu propio crecimiento personal.

Sabes perfectamente que si te guardas un poco de tu potencial o tu cariño y no lo das todo “por si las moscas”, estás negándote un aprendizaje y negándote a la vida.

Y tu simplemente no puedes hacer eso.

Va en contra de tu naturaleza.

Así que lo haces. Te tiras a la piscina de cabeza siempre que puedes, aún a sabiendas que a veces, por desgracia, no hay agua que te sostenga.

tirarse a la piscina

Y a veces te metes un hostión que no veas.

torta en el trampolin

Pero por suerte tu corazón no está hecho del mismo material que tu cuerpo. Si bien éste en una situación similar hubiera quedado destrozado, tu corazón funciona de otra manera. Él puede coger ese dolor, tratarlo químicamente en su interior y, al cabo de un tiempo, sacar de su pequeña fábrica un producto acabado, formado por una mezcla de aprendizaje, amor y compasión.

Sí, lo sé. El problema es que cada vez que el corazón realiza esa función, utiliza como energía transformativa pequeños trozos de si mismo.

Así que entre los trozos que se pierden por las heridas, los trozos que te dejas en lugares o momentos y los trozos que utiliza para esta transformación, cada vez queda menos corazón.

¿O es al revés?

Y esto me recuerda a las últimas frases de la película Blow:

En fin, pensándolo bien… ¿Ha valido la pena? Dios santo… como ha cambiado irremediablemente mi vida. Siempre es el último día de verano y me he quedado fuera, en el frío, sin ninguna puerta por la que volver a entrar. He tenido mas momentos intensos que de los que por derecho me correspondían. Para muchos la vida les pasa de largo mientras hacen grandes planes para ella. A lo largo de mi vida, he dejado pedazos de corazón aquí y allí… y ahora apenas me queda el suficiente para seguir viviendo. Pero fuerzo una sonrisa, sabiendo que mi ambición sobrepasaba mucho mi talento. Ya no hay caballos blancos, ni mujeres guapas en mi puerta.

Sabes que si dejas de ser un enamoradizo para no sufrir, dejarás también de experimentar la vida.

Ya estarás muerto por dentro.

Así que la próxima vez que alguien te diga que eres un enamoradizo no bajarás la cabeza con vergüenza. Le mirarás a los ojos y dirás:

-Sí, lo soy. Y estoy orgulloso de serlo.

Por favor… sigue siendo un enamoradizo.

Al menos mientras puedas.

12 Comments

  1. Qué grande eres Pablo. Siempre me ha encantado como escribes pero es que justo hoy es como si tuvieras una ventanita y hubieras visto mi situación personal. Me ha encantado el post de hoy porque tiene mucho de cierto. Yo he sido siempre de los que se protegía, pero llega un punto en el que te das cuenta que no hay otra que arriesgarse si quieres que la vida valga la pena.

    Eso sí, del hostión ya no me libra nadie.

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    • Gracias Juan Carlos! Es genial, porque siempre hay alguien que está en tu misma línea cuando publicas algo y que en ese momento está sintiendo algo muy similar. Sobre el hostión, lo bueno es que acaba curándose con el tiempo del todo, jajaja.
      Un abrazo!!

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  2. Intentarlo es lo menos que se puede hacer, ¿no?
    Al menos eso es lo que yo suelo pensar. Y si no sale… ¡Bueno! Hay muchas personas increíbles en este mundo, muy parecidas y muy diferentes a ti, pero siempre únicas e irrepetibles. Tener miedo a descubrirlo, aunque duela, no es una razón suficiente para no intentarlo.

    Muchas gracias por compartir esta reflexión tan bonita. ¡Que seas un enamoradizo feliz!

    Alba Lnz

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    • Gracias a ti Alba! Empiezo a creer que, en estos casos, intentarlo ya es conseguirlo, independientemente del resultado final.
      Un beso 🙂

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  3. jajaja enamoradizo! Todo forma parte del aprendizaje de la vida, hasta el hostión… Sólo es aceptar todas las emociones y disfrutarlas tanto buenas como malas! Bisoux pab 🙂

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  4. Tus relaciones si eres enamoradiza seguramente son mucho mas cortas que las demas y no tienes una pareja estable que dure mucho tiempo. Puede ser que esto sea pasajero o que asi sea tu personalidad. Mientras tanto disfruta de enamorarte, pues es el estado mas hermoso por el que se pueda pasar.

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